La expansión de las plataformas digitales y el uso creciente de la inteligencia artificial están modificando la manera en que se organiza el trabajo, un proceso que plantea oportunidades y desafíos para la República Dominicana. Actividades antes desarrolladas por empleados permanentes comienzan a distribuirse entre proveedores independientes, profesionales por encargo y pequeños emprendimientos conectados mediante aplicaciones.

Esta transformación debilita gradualmente el modelo tradicional basado en una relación estable entre empleador y empleado. En su lugar, gana terreno una economía enfocada en proyectos, entregas y resultados de corto plazo, donde las empresas pueden contratar servicios específicos sin incorporar necesariamente a quienes los realizan dentro de una nómina regular.
El fenómeno ha sido estudiado por Arun Sundararajan, profesor de tecnología, operaciones y estadística de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York. Sus investigaciones sobre el futuro del empleo describen el avance de un sistema económico en el que el talento se ofrece de forma descentralizada y una proporción creciente de personas administra su actividad como proveedor independiente o microempresario.
Uno de los grupos más expuestos a ese cambio es el de los millennials, generación integrada por personas nacidas entre 1981 y 1996. Por encontrarse actualmente en una etapa de alta participación productiva, estos trabajadores experimentan de manera directa tanto las posibilidades de generar ingresos con herramientas digitales como la incertidumbre asociada a modalidades sin estabilidad contractual.
Un análisis citado por Sundararajan indica que cerca de cuatro de cada diez trabajadores independientes en Estados Unidos pertenecen a esa generación. Aunque la cifra corresponde al mercado estadounidense, sirve como referencia para observar una tendencia internacional que también puede repercutir en economías como la dominicana, donde el emprendimiento digital y los servicios coordinados por aplicaciones han ganado visibilidad.
Automatización alcanza múltiples actividades
La inteligencia artificial añade otra dimensión al proceso. Los sistemas automatizados ya pueden ejecutar labores cognitivas y físicas que hasta hace pocos años dependían exclusivamente de personas. Esa capacidad se extiende a áreas como banca, traducción, gestión de proyectos, comercio electrónico, consultoría, transporte, servicios jurídicos y operaciones de establecimientos comerciales.
La combinación de automatización y contratación mediante plataformas favorece la división de puestos completos en tareas puntuales. Una organización puede recurrir a tecnología para una parte del proceso y contratar a especialistas externos para otra, reduciendo la necesidad de mantener determinados cargos de tiempo completo. Este esquema puede elevar la eficiencia, pero también transferir riesgos y costos al trabajador.
Para la República Dominicana, el debate no se limita a la adopción de nuevas tecnologías. También comprende la capacidad institucional para responder a trabajadores cuyos ingresos provienen de varios clientes, cambian mes a mes o se generan fuera de una relación laboral convencional. Aspectos como seguro de salud, pensiones, tributación, capacitación y protección frente a accidentes requieren mecanismos compatibles con esas nuevas condiciones.
La formación profesional será igualmente decisiva. A medida que las herramientas automatizadas asuman labores rutinarias, aumentará la demanda de competencias digitales, pensamiento crítico, creatividad y capacidad de adaptación. La actualización de programas educativos y técnicos podría ayudar a que más dominicanos aprovechen las oportunidades de la economía digital, en vez de quedar desplazados por ella.
Políticas públicas frente a la desigualdad
Otro reto consiste en evitar que los beneficios de la innovación se concentren únicamente entre propietarios de plataformas, infraestructura tecnológica y capital. En un escenario donde numerosos trabajadores aportan servicios sin poseer una parte significativa de los activos que sostienen el sistema, podrían ampliarse las brechas de ingresos y patrimonio.
El llamado capitalismo basado en multitudes anticipa una economía con menos empleos convencionales y más personas que venden directamente su talento o gestionan negocios de pequeña escala. La tendencia no implica la desaparición inmediata del empleo asalariado, pero sí una recomposición gradual que obligará a empresas, centros educativos y autoridades a revisar sus estrategias.
Ante ese panorama, el país enfrenta la tarea de impulsar la innovación sin debilitar los derechos laborales. La actualización regulatoria, el acceso a seguridad social y la capacitación continua serán componentes centrales para convertir el crecimiento de las plataformas en una fuente de productividad y movilidad económica, y no en un factor adicional de precariedad.
