SANTO DOMINGO.– El Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 9-1-1 sometió a prueba dos herramientas tecnológicas dirigidas a mejorar la comunicación con la ciudadanía y la evaluación de daños durante desastres, como parte del Simulacro Nacional por Terremoto realizado en coordinación con el Centro de Operaciones de Emergencias (COE).
El ejercicio incluyó la activación de Cell Broadcast, una tecnología capaz de enviar avisos de manera simultánea a teléfonos móviles localizados en una zona específica, así como la evaluación del VAPRE-M2, una plataforma de drones autónomos concebida para realizar una primera observación aérea de los lugares donde se produzcan incidentes.
De acuerdo con la información ofrecida por el 9-1-1, la prueba del sistema de mensajería permitió que el aviso del simulacro llegara a más de la mitad de la población dominicana. El resultado sirvió para medir el alcance de una herramienta que las autoridades proyectan incorporar a los protocolos de información pública frente a emergencias de gran escala.
A diferencia de los mensajes de texto convencionales, Cell Broadcast distribuye una notificación a los dispositivos conectados a las antenas de telecomunicaciones dentro de un perímetro previamente delimitado. Esto permite dirigir instrucciones a una provincia, municipio o área bajo amenaza sin necesidad de enviar cada comunicación a un número telefónico particular.
La capacidad de segmentar geográficamente los avisos puede resultar útil cuando el peligro no afecta a todo el país. En un escenario real, las autoridades podrían emplearla para comunicar recomendaciones de evacuación, advertir sobre áreas inseguras o informar acerca de medidas de protección ante terremotos, ciclones, inundaciones y otros eventos.
Información aérea antes de que lleguen las unidades
La segunda tecnología evaluada fue el Sistema VAPRE-M2, siglas correspondientes a Vehículo Aéreo de Primera Respuesta a Emergencias. La plataforma utiliza aeronaves no tripuladas que pueden despegar desde estaciones instaladas con antelación y trasladarse rápidamente hacia el punto desde donde se haya reportado una situación crítica.
Una vez en el área, los equipos pueden captar video e imágenes visuales y térmicas para transmitirlos en tiempo real al Centro Integral de Despacho del 9-1-1. La información estaría disponible mientras ambulancias, bomberos, policías u otras unidades se desplazan hacia el lugar, lo que permitiría conocer de manera preliminar las condiciones que encontrarán.
La infraestructura colocada hasta el momento ofrece cobertura a más del 85 % del territorio del Distrito Nacional, según el organismo. Esa disponibilidad convierte a la capital en el principal espacio inicial de operación de esta modalidad de observación aérea, aunque no se informó un calendario para su eventual expansión a otras demarcaciones.
Las imágenes suministradas por los drones pueden ayudar a establecer la posible dimensión de un siniestro, reconocer vías bloqueadas, ubicar áreas afectadas y advertir peligros adicionales. También pueden facilitar que los responsables del despacho determinen qué recursos enviar y cuáles rutas serían más apropiadas para llegar al incidente.
En el caso de un terremoto, los primeros minutos suelen estar marcados por comunicaciones interrumpidas, congestión vial y múltiples solicitudes de auxilio. Una visualización aérea temprana aportaría elementos para priorizar operaciones, aunque las decisiones finales tendrían que combinar esos datos con reportes ciudadanos y evaluaciones realizadas en el terreno.
Integración con los protocolos nacionales
Además de verificar el funcionamiento individual de los dispositivos, el simulacro permitió observar cómo se incorporan a la coordinación entre el 9-1-1 y el COE. Esta integración es necesaria para que las alertas, los datos y las imágenes circulen entre las instituciones responsables sin duplicar tareas ni emitir orientaciones contradictorias.
El ensayo también ofreció una oportunidad para identificar ajustes técnicos y operativos antes de utilizar las herramientas en una emergencia real. En esta fase resultan esenciales aspectos como la claridad del mensaje enviado a los celulares, la delimitación correcta del territorio, la estabilidad de las transmisiones y el tiempo requerido para activar los drones.
El alcance superior al 50 % de la población registrado por la alerta representa una cobertura considerable para una prueba nacional, pero también deja espacio para ampliar la recepción. La efectividad puede variar por factores como la compatibilidad de los dispositivos, la configuración de los teléfonos, la cobertura de las redes y la ubicación de cada usuario al momento del envío.
Por esa razón, las alertas móviles funcionarían como un componente adicional de la comunicación de riesgos y no necesariamente como un sustituto de sirenas, medios de comunicación, redes sociales oficiales u otros canales. La combinación de distintos mecanismos reduce la posibilidad de que sectores de la población permanezcan sin información durante una crisis.
En cuanto a los drones, su operación durante desastres exige considerar condiciones meteorológicas, autonomía de vuelo, obstáculos, seguridad aérea y continuidad de las telecomunicaciones. El valor de la plataforma dependerá tanto de su capacidad tecnológica como de la existencia de personal entrenado para interpretar rápidamente el material recibido.
Tecnología para los primeros minutos
Las autoridades presentaron ambas iniciativas como parte de la modernización gradual del sistema dominicano de respuesta a emergencias. El propósito es disminuir el tiempo necesario para advertir a las personas expuestas y mejorar el conocimiento de la situación antes de movilizar o redistribuir los recursos disponibles.
El simulacro no reprodujo todas las dificultades que podrían presentarse tras un sismo de gran intensidad, pero permitió someter los equipos a un escenario coordinado y revisar su conexión con las estructuras nacionales de respuesta. Las conclusiones del ejercicio podrán orientar cambios en los procedimientos y futuras pruebas de cobertura.
Con la mensajería geolocalizada, el Estado busca ofrecer instrucciones oportunas a grandes grupos de personas. Con la observación aérea autónoma, pretende obtener una primera lectura de los daños sin esperar la llegada física de los equipos. Ambas capacidades apuntan a respaldar decisiones durante una etapa en la que la rapidez y la calidad de la información pueden resultar determinantes.
La incorporación progresiva de estas herramientas plantea, además, la necesidad de familiarizar a la población con el formato de las alertas y explicar cómo actuar al recibirlas. El desempeño del sistema ante una emergencia dependerá no solo del alcance técnico del mensaje, sino también de que la ciudadanía comprenda las instrucciones y responda de forma organizada.
