PRM encara el reto de definir un nuevo liderazgo presidencial para 2028

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PRM encara el reto de definir un nuevo liderazgo presidencial para 2028

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) se aproxima a una etapa decisiva de su historia: la selección de su candidatura presidencial para las elecciones de 2028. Será la primera vez desde su fundación que la organización oficialista acudirá a una contienda nacional con una figura diferente al presidente Luis Abinader como cabeza de la boleta.

PRM encara el reto de definir un nuevo liderazgo presidencial para 2028

El desafío trasciende la competencia entre aspirantes y grupos internos. Para el partido, la escogencia supondrá definir qué tipo de liderazgo presentará ante una sociedad marcada por nuevas demandas, cambios tecnológicos acelerados y mayores expectativas sobre el desempeño de las instituciones públicas.

El dirigente político y articulista Eddy Vittini planteó que el PRM necesita evaluar su futuro desde tres capacidades fundamentales: gobernar con resultados, unir sectores diversos e interpretar las transformaciones que experimentará la República Dominicana durante la próxima década. Su reflexión advierte, además, sobre los riesgos que enfrentan las organizaciones cuando los triunfos electorales reducen su disposición a revisarse.

Una transición sin precedente interno

Fundado en 2014, el PRM pasó en pocos años de ser una fuerza opositora emergente a controlar el Poder Ejecutivo, una amplia representación congresual y numerosas alcaldías. Abinader condujo al partido a sus victorias presidenciales de 2020 y 2024, consolidando una mayoría política que ahora deberá ser reconstruida alrededor de una nueva candidatura.

Ese relevo abre una situación inédita. Las estructuras, respaldos de dirigentes y presencia territorial tendrán peso en la contienda interna, pero el resultado también dependerá de la capacidad del candidato o candidata para conectar con ciudadanos que no pertenecen al partido. La persona seleccionada deberá procurar la unidad de la organización y, al mismo tiempo, ampliar su aceptación fuera de ella.

La experiencia de los partidos dominicanos demuestra que el control del Gobierno no garantiza continuidad automática. El desgaste del poder, las disputas entre corrientes y la aparición de preocupaciones sociales pueden alterar rápidamente el escenario electoral. Por esa razón, el oficialismo enfrenta la necesidad de renovar su propuesta sin romper con la gestión que le permitió alcanzar y conservar la Presidencia.

Más allá de la maquinaria partidaria

Vittini sostiene que una candidatura competitiva no debería medirse exclusivamente por la cantidad de dirigentes o estructuras que logre reunir. Aunque esos factores son esenciales durante un proceso interno, el liderazgo presidencial exige experiencia, sensibilidad frente a los problemas sociales, capacidad para tomar decisiones y disposición para construir acuerdos.

La discusión también coloca sobre la mesa el propósito de los partidos políticos. Además de organizar la lucha electoral, estas entidades necesitan convertir el poder obtenido en políticas orientadas al interés colectivo. Bajo esa perspectiva, la legitimidad de la próxima candidatura dependerá tanto de su fortaleza partidaria como de la confianza que pueda generar en el conjunto de la población.

La decisión del PRM no se limitará a elegir un nombre para la boleta, sino que definirá la figura con la cual intentará prolongar su proyecto político después de Abinader.

El panorama de 2028 estará condicionado por asuntos que podrían adquirir mayor relevancia en los próximos años, entre ellos la digitalización del trabajo, los cambios demográficos, la calidad de los servicios públicos y las exigencias de transparencia. Quien aspire a encabezar la propuesta oficialista tendrá que formular respuestas para un electorado posiblemente distinto al que acudió a las urnas en 2020 y 2024.

La ruta hacia la nominación pondrá a prueba la madurez institucional del PRM. Un proceso competitivo, transparente y capaz de preservar la cohesión fortalecería su posición frente a la oposición. En cambio, una lucha interna prolongada podría debilitar la mayoría construida durante los últimos ciclos electorales. El principal reto será lograr que la renovación del liderazgo represente una respuesta a las necesidades nacionales y no solamente un reparto de fuerzas dentro del partido.

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