El expresidente de la República Dominicana, Leonel Fernández, sostuvo que la actual coyuntura mundial se encuentra inmersa en una etapa de marcada fragmentación geopolítica y polarización política que no registraba precedentes desde la culminación de la Guerra Fría. Durante su disertación, subrayó que los enfrentamientos bélicos e inestabilidades que se desarrollan en diversas regiones del planeta han dejado de ser acontecimientos aislados, al proyectar repercusiones directas e inmediatas sobre el equilibrio de la economía global.

El pronunciamiento tuvo lugar en la apertura del VIII Foro Global América Latina y el Caribe, un espacio de deliberación celebrado en las instalaciones de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York. La jornada académica, convocada bajo el lema central "América Latina y el Caribe ante un mundo en transformación", congregó a especialistas en relaciones internacionales, economistas, docentes y representantes de diversos organismos multilaterales en el auditorio Lerner Hall.
Durante su intervención, Fernández remarcó que el entorno internacional contemporáneo se encuentra fuertemente condicionado por una rivalidad cada vez más intensa entre las grandes potencias. Este reacomodo de fuerzas genera fricciones que trascienden las fronteras territoriales de los países en pugna y alteran sensiblemente las dinámicas de inversión, los flujos comerciales y la certidumbre institucional a escala planetaria.
Entre los factores de mayor desestabilización, el exmandatario dominicano hizo hincapié en la prolongación del conflicto entre Rusia y Ucrania, así como en las constantes hostilidades registradas en el Medio Oriente. Según explicó en el cónclave, estas confrontaciones tienen la capacidad de distorsionar los mercados de hidrocarburos, encarecer el transporte de mercancías a través de las principales rutas marítimas internacionales y propiciar incrementos repentinos en los precios de los productos alimenticios de primera necesidad.
Asimismo, señaló que la incertidumbre derivada de estos choques bélicos debilita de manera directa la confianza de los inversionistas internacionales, encarece el acceso al financiamiento para los países en desarrollo y propicia una volatilidad monetaria perjudicial para los Estados importadores netos de materias primas. En ese contexto, advirtió que ninguna nación puede considerarse inmune ante las sacudidas financieras externas originadas por decisiones geopolíticas distantes.
El análisis expuesto en la academia neoyorquina enfatizó además los efectos transversales de las disrupciones en las cadenas globales de suministros. La paralización o el desvío forzado de embarcaciones por rutas alternas debido a la inseguridad en corredores comerciales estratégicos encarece sustancialmente los fletes, lo que se traduce de inmediato en presiones inflacionarias que impactan el costo de la vida cotidiana en las naciones en vías de desarrollo.
Fernández planteó que comprender las complejidades de este nuevo ordenamiento global ha dejado de constituir un mero ejercicio teórico para transformarse en una necesidad indispensable para la supervivencia institucional y material de los pueblos. Resaltó que los Estados que busquen resguardar sus niveles de desarrollo deben proyectar sus políticas públicas con base en una lectura rigurosa de las transformaciones del poder mundial.
Para América Latina y el Caribe, el desafío resulta especialmente crítico debido a su histórica vulnerabilidad a las oscilaciones de los mercados externos. Ante este panorama, se reiteró la importancia de la diplomacia concertada y el fortalecimiento de la capacidad prospectiva para afrontar un entorno internacional caracterizado por la incertidumbre y la dispersión del consenso multilateral.
