SEÚL. La consulta de la fortuna, una costumbre arraigada entre una parte importante de la sociedad surcoreana, está entrando en una nueva etapa con la incorporación de inteligencia artificial, avatares digitales y dispositivos robóticos. Estas herramientas trasladan al lenguaje de los algoritmos prácticas esotéricas desarrolladas durante siglos, al tiempo que atraen a usuarios interesados tanto en el entretenimiento como en respuestas sobre su vida personal.
Una muestra de esa transformación se observa en Vinaida, un establecimiento ubicado en Seúl que ofrece lecturas automatizadas en coreano, inglés, chino y japonés. Sus clientes suelen plantear inquietudes relacionadas con las relaciones sentimentales, la salud y el dinero, según explicó Kim Hae-seol, gerente del negocio.
El local se encuentra en Ikseon-dong, un sector conocido por sus callejones y por la presencia de numerosos comercios dedicados al tarot, el saju y otras modalidades de adivinación. En ese entorno tradicional, la empresa apuesta por una experiencia apoyada en pantallas, cámaras, códigos QR y sistemas capaces de procesar patrones previamente organizados.
Un avatar interpreta la fecha de nacimiento
Entre los servicios disponibles figura una versión tecnológica del saju, método que busca interpretar el destino de una persona a partir de su fecha de nacimiento. La consulta está a cargo de AMI, un avatar presentado como una especie de chamán digital.
Para recibir la lectura, el usuario entra en un espacio pequeño y con poca iluminación. Desde una pantalla, el rostro virtual solicita información sobre la preocupación principal del visitante. Al terminar el proceso, el sistema entrega una tarjeta que contiene un talismán y un código QR, mediante el cual se pueden consultar los resultados con mayor detalle.
Otra opción es Dangun, un equipo dotado de cámara y brazo robótico que aplica principios del gwansang. Esa tradición relaciona determinados rasgos del rostro con aspectos de la personalidad o el porvenir. El dispositivo fotografía al cliente y luego dibuja un retrato acompañado de una interpretación automatizada.
La compañía sostiene que tanto el saju como el gwansang emplean reglas relativamente ordenadas, lo que facilita traducir sus esquemas de interpretación en información utilizable por sistemas de inteligencia artificial. Sin embargo, las respuestas continúan perteneciendo al terreno de la adivinación y no constituyen evaluaciones científicas sobre la salud, las finanzas ni el futuro de una persona.
Una demanda que sigue creciendo
El establecimiento afirma que recibe de manera sostenida más de 100 visitantes diarios y que la cantidad de usuarios ha aumentado desde su apertura en febrero. Cada servicio de lectura mediante saju o análisis facial cuesta alrededor de 9,000 wones, equivalentes a unos 6.5 dólares.
La aceptación de estas propuestas ocurre en un país donde las consultas sobre el destino mantienen una presencia notable. Una encuesta de Gallup Korea, realizada en marzo entre 1,507 personas, encontró que cuatro de cada diez adultos creen en la adivinación y en métodos como el saju. El estudio también indicó que un 26 % había utilizado alguna vez inteligencia artificial para conocer su fortuna.
Las cifras oficiales reflejan igualmente la dimensión económica de esta actividad. En 2024, la agencia nacional de estadísticas registraba cerca de 10,950 establecimientos vinculados con la adivinación y servicios similares en Corea del Sur. En conjunto, esos negocios empleaban a 11,593 trabajadores.
La combinación de tradición y tecnología abre un nuevo espacio comercial, pero también plantea preguntas sobre privacidad, manejo de datos personales y confianza en respuestas producidas por algoritmos. En Corea del Sur, mientras tanto, los antiguos métodos para intentar anticipar el destino conviven cada vez más con cámaras, robots y avatares capaces de ofrecer una experiencia inmediata y multilingüe.
