El Festival de Cine de San Sebastián inauguró este viernes su edición número 74 con una gala centrada en la defensa de la libertad de expresión y el reconocimiento a la trayectoria del director alemán Werner Herzog, quien recibió el primer Premio Donostia de la presente convocatoria.

La ceremonia, celebrada en el auditorio Kursaal ante un público que llenó el recinto, combinó el homenaje cinematográfico con mensajes contra las presiones dirigidas a silenciar obras y autores críticos. La apertura planteó así una postura en favor de la creación independiente frente a los intentos de imponer temor o limitar discursos incómodos dentro de la industria audiovisual.
Las actrices Fariba Sheikhan y Mariona Terés, responsables de conducir la gala, expresaron además su respaldo a los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, directores del documental “Naza”. Según se indicó durante el acto, ambos han recibido amenazas vinculadas con su denuncia sobre las muertes de civiles palestinos.
La gala presentó al cine como un espacio que debe preservar la mirada crítica, incluso cuando sus autores enfrentan presiones políticas o institucionales.
Uno de los momentos principales de la noche fue la proyección de un recorrido visual por la extensa filmografía de Herzog. La selección abarcó desde “Signos de vida”, estrenada en 1968, hasta producciones que se convirtieron en referencias del cine internacional, entre ellas “Nosferatu, vampiro de la noche”, “Fitzcarraldo” y el documental “Grizzly Man”.
También tuvo un lugar destacado “Aguirre, la cólera de Dios”, película de 1972 que sirvió al realizador para recordar su relación con el País Vasco. Durante su intervención, Herzog convirtió la recepción del galardón en un reconocimiento a la cultura vasca y manifestó una admiración particular por el euskera, idioma que describió por su antigüedad y singularidad dentro de Europa.
El director explicó que su interés por esa tradición cultural lo ha llevado a seguir por internet competencias de bertsolaris, artistas que improvisan versos en lengua vasca. Aunque reconoció que no comprende el contenido de esas actuaciones, afirmó que la experiencia le genera una sensación de cercanía con esa comunidad de poetas.
Las palabras del realizador provocaron una ovación de pie entre los asistentes. La respuesta del público reforzó el carácter emotivo de un homenaje dedicado tanto a sus aportes al cine como a su vínculo personal con la región que alberga uno de los festivales cinematográficos más relevantes de España.
Una trayectoria marcada por el riesgo
Herzog ha desarrollado durante décadas una obra caracterizada por personajes enfrentados a situaciones extremas, paisajes hostiles y conflictos entre la voluntad humana y la naturaleza. Su carrera incluye trabajos de ficción, documentales, actuaciones y proyectos realizados en distintas partes del mundo, con un estilo que ha influido en varias generaciones de cineastas.
El Premio Donostia distingue precisamente esa contribución prolongada al séptimo arte. La entrega al director alemán abrió el programa de reconocimientos honoríficos de esta edición y colocó su legado en el centro de una jornada donde también presentó “Bucking Fastard”, acompañado por el actor británico Orlando Bloom.
Con esta apertura, el certamen donostiarra dejó definida una de las líneas discursivas de su edición 74: la reivindicación del cine como vehículo de cuestionamiento, memoria y denuncia. La gala subrayó que la exhibición de películas no está separada de los debates políticos y sociales que rodean a sus creadores.
El festival continuará su programación con estrenos, encuentros profesionales, ruedas de prensa y proyecciones de producciones procedentes de diversos países. Tras la ceremonia inaugural, la presencia de Herzog y los mensajes de solidaridad con realizadores bajo presión marcaron el tono de una edición que busca celebrar el cine sin apartarse de las discusiones contemporáneas sobre censura, violencia y libertad artística.
