La posibilidad de reducir o retrasar una parte importante de los casos de demencia gana atención entre investigadores y profesionales de la salud, quienes recomiendan actuar sobre factores modificables a lo largo de la vida. El planteamiento cobró nueva relevancia durante la conmemoración, cada 21 de septiembre, del Día Mundial de la Enfermedad de Alzheimer.
Estimaciones de una comisión especializada de la revista médica The Lancet indican que la prevención podría alcanzar proporciones significativas cuando se controlan condiciones como la hipertensión, la diabetes, la obesidad y el colesterol LDL elevado. También se consideran el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la pérdida auditiva o visual, la depresión, el aislamiento social, los traumatismos craneales y la exposición a la contaminación atmosférica.
La doctora Daysi Acosta, psicogeriatra dominicana y expresidenta de la Asociación Mundial de Alzheimer, explicó que las estimaciones han cambiado conforme la evidencia científica incorpora nuevos riesgos. En 2017, el cálculo mundial situaba la fracción potencialmente prevenible en 29 %. Para 2020 subió a 36 %, tras incluirse variables adicionales, y en 2024 alcanzó 45 % con la incorporación del colesterol LDL y la pérdida de visión.
Para América Latina, donde varias de esas condiciones tienen una presencia elevada, la proporción estimada podría llegar hasta 56 %, de acuerdo con cálculos citados por Acosta. La especialista, fundadora del Banco Nacional de Cerebros establecido en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, participa además en iniciativas internacionales dedicadas al estudio y la prevención del deterioro cognitivo.

Prevención desde diferentes frentes
Los expertos advierten que estas cifras no significan que todos los casos de Alzheimer sean evitables ni que exista una garantía individual. Se trata de estimaciones poblacionales sobre cuánto podría disminuir la incidencia si determinados riesgos fueran eliminados o manejados adecuadamente. La edad y la genética continúan siendo elementos que no pueden modificarse.
La evaluación preventiva incluye indicadores como presión arterial, glucosa, colesterol y circunferencia abdominal, junto con información sobre consumo de tabaco y alcohol. También abarca el nivel educativo, la frecuencia de la actividad física, la calidad de la interacción social y las condiciones emocionales, auditivas y visuales de cada persona.
Parte de este enfoque se desarrolla mediante la red mundial FINGERS, inspirada en una investigación realizada inicialmente en Finlandia. Su propuesta integra cinco áreas de intervención: alimentación equilibrada, ejercicio, entrenamiento cognitivo, participación social y seguimiento de los factores cardiovasculares y metabólicos.
La República Dominicana forma parte de LatAm-FINGERS, una colaboración regional en la que participan 12 países. El proyecto busca determinar cómo una estrategia simultánea sobre distintos hábitos y condiciones de salud puede proteger las capacidades cognitivas en poblaciones latinoamericanas, tomando en cuenta sus particularidades sociales y sanitarias.

Desde esta perspectiva, cuidar el cerebro no comienza únicamente cuando aparecen olvidos persistentes. Los especialistas favorecen controles médicos periódicos, tratamiento oportuno de enfermedades crónicas, corrección de problemas de audición y visión, reducción del sedentarismo y mantenimiento de redes familiares y comunitarias.
La prevención tampoco descansa en una sola práctica o producto. La evidencia disponible apunta hacia una combinación sostenida de decisiones saludables, acceso a servicios y políticas públicas capaces de disminuir riesgos. Esto incluye promover espacios para ejercitarse, reducir la contaminación, prevenir lesiones en la cabeza y facilitar atención para la depresión y otras condiciones de salud mental.
Ante señales como pérdida progresiva de memoria, dificultad para realizar tareas habituales, desorientación o cambios marcados de conducta, la recomendación es buscar una evaluación profesional. Una valoración temprana permite identificar causas tratables, organizar el cuidado y ofrecer apoyo a la persona afectada y a su familia, aun cuando no sea posible impedir completamente la evolución de la enfermedad.
