La competencia por el tiempo de los usuarios está llevando a las principales plataformas de streaming hacia un terreno que durante décadas estuvo dominado por la televisión tradicional: las transmisiones deportivas en vivo. El acuerdo alcanzado entre Netflix y World Wrestling Entertainment (WWE) constituye una de las señales más claras de esa transformación y anticipa una batalla más intensa por los derechos de ligas, torneos y espectáculos.
La operación, valorada en alrededor de US$5,000 millones durante diez años, comenzará en 2025 e incorporará a la oferta de Netflix el programa semanal Monday Night Raw. El convenio también contempla eventos destacados de WWE, entre ellos WrestleMania, SummerSlam, Royal Rumble y Survivor Series, aunque la disponibilidad de parte del contenido variará de acuerdo con cada mercado.
El cambio representa un momento relevante para la industria porque Raw abandonará la televisión por cable estadounidense después de 31 años. Además, el catálogo internacional de WWE pasará a tener una presencia importante dentro de Netflix, combinando programación en directo con una extensa biblioteca de producciones anteriores.
Audiencias difíciles de reemplazar
El atractivo del deporte radica en su capacidad para concentrar millones de espectadores al mismo tiempo, una característica poco común en un mercado donde el consumo audiovisual está cada vez más fragmentado. A diferencia de las series y películas, que pueden verse en cualquier momento, una competencia pierde parte de su valor cuando el resultado ya es conocido.

Esa urgencia favorece la permanencia de los usuarios, incrementa la exposición publicitaria y puede ayudar a las plataformas a captar nuevos abonados. En Estados Unidos, encuentros importantes de la NFL han superado los 27 millones de televidentes, mientras que el Super Bowl mantiene habitualmente audiencias por encima de los 100 millones.
Los derechos audiovisuales se han convertido, por tanto, en una fuente esencial de ingresos para organizaciones y equipos. Las Grandes Ligas de Béisbol han obtenido acuerdos nacionales que distribuyen cuantiosos recursos entre sus 30 franquicias. A escala local, contratos como el de los Dodgers de Los Ángeles han alcanzado cifras de varios miles de millones de dólares y compromisos de larga duración.
Gigantes tecnológicos amplían sus apuestas
Netflix no es la primera compañía digital que identifica esta oportunidad. Amazon incorporó a Prime Video los partidos de los jueves en la NFL, mientras Google, mediante YouTube, adquirió el paquete Sunday Ticket para ofrecer encuentros fuera de los mercados locales. Apple, por su parte, se asoció con la Major League Soccer (MLS) y fortaleció el alcance de ese producto tras la llegada de Lionel Messi al Inter Miami.

Estas inversiones muestran que las plataformas ya no compiten únicamente mediante producciones originales. Los eventos deportivos aportan citas recurrentes durante meses, generan conversación en redes sociales y crean vínculos sólidos entre los aficionados y el servicio que posee la transmisión.
Sin embargo, la estrategia también implica riesgos. El precio de los derechos puede aumentar conforme entren nuevos compradores, y las plataformas necesitan equilibrar esos costos con suscripciones, publicidad y permanencia de clientes. Además, la fragmentación podría obligar a los fanáticos a contratar varios servicios para seguir diferentes disciplinas o campeonatos.
Para las cadenas de televisión y los operadores de cable, el avance digital plantea el desafío de conservar contenidos que históricamente sostuvieron sus audiencias. Para las ligas, en cambio, la presencia de más competidores abre la posibilidad de elevar sus ingresos y llegar a públicos internacionales sin depender por completo de la distribución convencional.
El pacto entre Netflix y WWE no convierte por sí solo a la empresa en una plataforma deportiva integral, pero sí marca un giro en su estrategia. Si la transmisión logra atraer suscriptores y generar consumo constante, otras compañías podrían acelerar la búsqueda de derechos exclusivos, profundizando la migración del deporte desde la televisión lineal hacia internet.
